Dos pianos, dos planos_ Tropos Ensemble

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Tropos Ensemble (14/9/2013)

Luca Chiantore & David Ortolà, pianos a dos niveles

Lo Otro inició temporada con un house concert des-concertante: una sesión a dos pianos en distintos niveles en manos de Tropos, el Ensemble formado por Luca Chiantore y David Ortolà. ¿Qué es Tropos? Una propuesta esperanzadoramente subversiva dentro del obsoleto panorama de la música que etiquetamos como “clásica”.

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Chiantore, musicólogo de referencia por sus trabajos de investigación y su sana inquietud, ya anunció en su introducción que la vivencia de la música llamada “clásica” siempre fue algo más vivo y más fresco que la obra fosilizada que escuchamos en un concierto al uso, por no decir en nuestro reproductor de MP3. Tropos propone un experimento aparentemente incendiario, pero que no lo es tanto: aplica una receta antiquísima para obtener un plato contemporáneo y explosivo. A un ingrediente preexistente (una obra de repertorio clásico) le superpone uno actual: una capa sonora de nueva creación (tropo). La mezcla de sabores que consiguen no dejan a nadie indiferente. Y este concepto de superposición encontró una metáfora perfecta en el escenario multinivel de Lo Otro, donde cada piano ocupa un plano arquitectónico diferente, lo que generó un efecto acústico literalmente inaudito.

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Chiantore abrió con la sonata Op. 27 nº2 de Beethoven –popularmente conocida como Claro de luna– cuyos movimientos sonaron hilvanados con cadencias e interludios basados en los propios apuntes del compositor, lo que constituye una práctica interpretativa mucho más cercana al espíritu beethoveniano. Y para una versión que incluye improvisación -basada en un criterio histórico irrefutable-, Luca eligió un piano con mucha historia improvisatoria: el Yamaha C3, acostumbrado al jazz de tantos dedos maestros en sus 20 años en el Café Central.

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Sin solución de continuidad llegaron los tropos sobre D’un cahier d’esquisses de Claude Debussy, compuestos por David Ortolà, que materializaron la primera conversación a dos niveles entre los pianos Mason & Hamlin y el Yamaha. Las armonías debussinianas fueron una sábana perfecta donde Ortolà extendió sus tropos, reelaboraciones e improvisaciones, cuyas capas y texturas quedaban reforzadas por la disposición escénica a dos niveles.

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David siguió a piano solo con sus Grooves #1 (2012): un monólogo nacido a partir de una célula que anuncia la esencia básicamente ostinato de la pieza, como revela su título. Entre un esqueleto que alterna secciones de micromantras, pudimos escuchar el latido permanente de la música electrónica y techno, parte importante de la producción creativa de Ortolà.

Pero el momento de mayor ignición fueron los tropos sobre los Cuadros de una exposición de Modest Mussorgsky. De nuevo en perfecta metáfora con el espacio, los músicos ocuparon los pianos según su papel. Desde la planta baja, Chiantore se encargó de la base sonora: la parte original escrita por Mussorgsky (con guiños añadidos, inspirados en algunas versiones de diferentes pianistas). En el plano y piano superior, Ortolà superponía sus tropos. Una confrontación de estéticas que podría ser el equivalente musical de las reinterpretaciones de Veláquez por parte de Picasso con sus “Meninas”, o de Bacon con su “Estudio del Papa Inocencio X”. En este sentido, Tropos no visitó, sino que revisitó los Cuadros de una exposición. ¿Simples alucinaciones sonoras sin fundamento o proyecciones con verdaderos hallazgos estéticos? Más bien lo segundo: algunas técnicas utilizadas por Ortolà para sus tropos incluían superposiciones de esbozos de Mussorgsky que acabaron siendo descartes, brindándonos la primera (?) idea solapada con la final, abriéndonos casi el subconsciente del compositor. O la fragmentación en células temáticas, fundamental en cualquier proceso de deconstrucción artística. Como él mismo dijo en el diálogo con el público, el concepto se resume en la imagen de la mesa de mezclas: la “pista Mussorgsky” y la “pista Ortolà” se entretejen en una mixtura sonora, en un “tira y afloja” entre lo clásico y lo contemporáneo y entre composición e improvisación.

Como pianistas, Chiantore y Ortolà supieron extraer lo mejor de los instrumentos. Como músicos audaces, emprenden una gigante labor de desacralización del texto y del contexto musical “clásico” que no para de marchitarse. Gran aportación de oxígeno, regeneración y frescura, y todo ello echando el anzuelo al oyente sin remedio: la sorpresa está a la vuelta del compás. ¡BRAVI!

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