The Eight Hands Concert

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The Eight Hands Concert (7/6/2015)

Eleuterio Domínguez, piano
Miguel Ituarte, piano
Luis Fernando Pérez, piano
Daniel del Pino, piano

Ignición cuádruple: quizá una de las mejores definiciones del concierto a dos pianos, cuatro pianistas, ocho manos y cuarenta dedos que nos brindaron Eleuterio Domíguez, Miguel Ituarte, Luis Fernando Pérez y Daniel del Pino en una matiné de house concert verdaderamente inolvidable.

En contadísimas ocasiones es posible ver un concierto a dos pianos y ocho manos, toda una rareza pianística que no podíamos dejar de perpetrar en Lo Otro. Junto a nuestro Mason & Hamlin, que normalmente es el piano principal, colocamos el Steinway D que perteneció a los estudios Cine Arte: dos gran colas ensamblados para explosionar en un divertidísimo programa bajo ocho de las mejores manos de nuestro país.

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La batalla se abrió al galope con la “Obertura de Guillermo Tell” de Rossini, en arreglo de E. Pauer para esta inusual formación. Marcaría la tónica general del programa y del concierto: accesible, marchoso y brillante, con los cuatro pianistas disfrutando furiosamente ante las teclas. Tras los primeros rugidos del público, ya en el bolsillo desde el comienzo, el compositor decimonónico Ignaz Moscheles siguió con su “Grand Duo” Op. 115, obra original para dúo de pianos a ocho manos. Gracias a los comentarios de Daniel del Pino, que iba presentando las obras, pudimos descubrir detalles desconocidos incluso para el melómano entendido: como por ejemplo la figura de Mack Wilberg, compositor, fundador del American Piano Quartet y por ello arreglista experimentado en esta formación. Suya es la estupenda “Fantasía sobre temas de Carmen” de Bizet, una versión que coquetea con la bitonalidad y una atractiva deconstrucción armónica de los temas más conocidos de la obra del compositor. Los pianistas rotaban y cambiaban de piano y pareja pianística: cada uno de ellos cumplió todas las funciones, es decir, ejercieron de Primo y Secondo, tanto en el Piano I como en el Piano II, ofreciendo ejemplos de brío, despliegue virtuosístico y contrastes de colorido sin cesar.

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Como intermedio entre los platos fuertes del s. XIX (o inspirados en él), casi como un refrescante sorbete de limón musical, llegó la breve pero estupenda pieza del propio Eleuterio, compuesta para la ocasión: “Despierta”, un cóctel a ritmo de jazz pegadiza, llena de humor inteligente y tremendamente efectiva (ver el vídeo que realizó de manera espontánea el compositor Miguel Bustamante). La “Sonata en mi menor” del checo Bedřich Smetana supuso la vuelta a la “seriedad”, pero por un breve período de tiempo, ya que acechaba la “Danza Macabra” de Camille Saint-Saëns en arreglo de Ernest Guiraud, compositor olvidado como bien dijo Daniel, a pesar de haber sido distinguido con el prestigioso Premio de Roma que ganaron Berlioz, Bizet o Debussy. Los grandes fastos sonoros continuaron con el “Grand Galop Chromatique” (arreglo de H. Maylath), en despliegue de fuegos artificiales finales, ante un público entregado y disfrutando al máximo del derroche de energía, musicalidad y simpatía de nuestros cuatro invitados.

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Pero faltaba un tercer piano en escena: el que perteneció al Café Central, ubicado en la planta de arriba, tradicionalmente merecedor de los bises desde que vive con nosotros. Hasta él subió Miguel Ituarte para atacar, a distancia, su parte de “Stars and Stripes” de John Philip Sousa, la marcha nacional oficial de Estados Unidos, en arreglo de Mack Wilberg. Apoteosis final para un concierto apoteósico desde su inicio.

Podemos decir que probablemente Lo Otro batió el récord de pianistas por metro cuadrado… ¡No sólo en el escenario, sino también entre el público! Pues si ya es complicado juntar dos pianos y encontrar 40 dedos que los toquen, reunir a estos enormes pianistas es, por partida cuádruple, sencillamente triunfal. ¡BRAVISSIMI!

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Queremos agradecer muy especialmente, como siempre pero en esta ocasión más si cabe, el trabajo de nuestro querido técnico Leonardo Pizzolante, que cuida, mima, afina, ajusta, traslada y resucita nuestros pianos con un cariño, dedicación y devoción absolutamente admirables, para que peripecias como la de este concierto sean posibles.

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