Maridaje musical: Definiendo conceptos

Artículo de Juan Alberto García de Cubas en el suplemento + Vino de El Correo de Burgos (13/6/2015)

¿Eres un vinófilo ávido de experiencias que enriquezcan tu disfrute? ¿Eres un melómano sediento de nuevas fórmulas escénicas? Si has respondido sí una o más veces, sigue leyendo.

Maridar música y espiritosos está de moda. Y es que pocos placeres igualan al de escuchar ese disco preferido junto a un buen vino, o dejarse congelar por una cerveza en el mejor club de jazz de la ciudad. Pero, ¿por qué nos parece este ritual tan irresistible y exquisito? Sin duda, porque implica a los cinco sentidos: el auditivo entra en acción y completa los otros cuatro que normalmente participan en la degustación del amado elixir.

Una rápida búsqueda por internet nos revela que, en la actualidad, cada vez más instituciones del mundo musical de nuestro país se suman a la tendencia de ofrecer una degustación bebible (e incluso comestible) antes, durante o después de que suene la música. Al observar con detalle estos experimentos, es evidente que las relaciones que se establecen entre lo que se bebe y lo que se escucha son muy variadas. La importancia que se le da a uno y otro elemento sensorial depende en cada caso: muchas veces, la protagonista es la música, y la copa es simplemente el anzuelo para atraer al público. Otras, se trata de una cata con hilo musical en directo o un pequeño concierto como aliciente extra. Bravo por estas iniciativas: todas válidas, apetecibles y muy disfrutables. Pero, ¿podemos considerar estos casos como un caso de verdadero maridaje musical?

Cata de música, escucha de vino

¿Qué ocurre cuando música y vino se potencian y reafirman mutuamente, de manera consciente y meditada? No existen muchas oportunidades de asistir a catas musicalizadas en las que el protagonismo de los ingredientes se reparta al 50%. Intentar establecer ciertas relaciones entre lo degustado y lo escuchado implica una maduración previa… que todo vinicultor debería apreciar.

Entre las pocas opciones en este sugerente campo, encontramos los Maridajes Musicales de Lo Otro, una agencia especializada en comisariado musical y organización de eventos singulares. Su codirectora artística, la pianista Marta Espinós, es experta en trazar analogías insospechadas que relacionen la música con casi cualquier temática imaginable. Buscadora infatigable de repertorios poco comunes, acercadora de la música clásica a todo tipo de públicos, Marta es parte clave del cerebro creativo de Lo Otro, cuyo eslogan podría ser “Dinos un tema y te diremos qué concierto necesitas”. Después de posicionarse como pioneros en comisariado musical alrededor de exposiciones de arte –ya han llevado música a algunos de los principales museos e instituciones culturales de este país–, ahora están empezando a ofrecer Maridajes Sonoros a bodegas y todo tipo de clientes que valoren la fina interacción entre los placeres del paladar y del tímpano. Sus maridajes siempre parten de una colaboración interdisciplinar que implica a músicos, bodegas y sumilleres. Se atreven a sentarlos en la misma mesa, para iniciar una fértil conversación con los sacacorchos y los instrumentos muy cerca. ¡Toda una aventura enomusical!

Maridando el repertorio: una crianza sin prisas

En Lo Otro estudian con detalle la personalidad de cada vino a través de sus notas de cata, la historia de su bodega y su proceso de elaboración. Sólo entonces se propone un músico –ya sea clásico, jazz, flamenco o cualquier otro estilo musical, pero siempre de excelente trayectoria– y se elige un repertorio personalizado estrechamente ligado a cada caldo. A pesar de que la carga subjetiva de la selección musical es notable –reconozcamos que también lo es la descripción de un vino–, siempre se intenta justificar plenamente la elección, desvelando durante la cata correspondencias lo más específicas e inequívocas posible, que son las claves que unen cada pieza musical con su vino. Hasta ahora estábamos ante un caleidoscopio de sensaciones visuales, olfativas, gustativas y táctiles que después enlazan con las auditivas. Pero ahora entra en juego el sexto sentido, el intelectual, que participa de la comprensión de todas estas sugerentes analogías. Y ahí reside el verdadero meollo del maridaje musical: una combinación sensorial e intelectual absolutamente irresistible, y apta para vinófilos y melómanos por igual.

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