The Vienna Connection_ Pina Napolitano

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Pina Napolitano, piano (17/11/2013)

La pianista italiana ofreció en Lo Otro el concierto inaugural del Odradek Records International Music Festival 2013, un sello discográfico impulsor de un nuevo modelo de producción y disfrute de la música clásica. De filosofía democrática y controlado por artistas, Odradek mantiene como valor primordial la excelencia artística, por encima de las leyes comerciales y de mercado.

Napolitano nos propuso un choque de contrastes entre compositores para los que Viena fue eje de su vida artística. Escuchamos a Mozart y Brahms intercalados con los integrantes de la Segunda Escuela de Viena —Schoenberg, Webern, Berg—. Dos titanes del canon clásico y romántico, cara a cara con los precursores del atonalismo, el dodecafonismo y el serialismo. Figuras estas últimas con cuya escritura Napolitano se siente como pez en el agua, y cuya extrema abstracción no le impide interpretar de memoria: considerable hazaña pianística que merece su justo reconocimiento.

Las notas al programa, escritas por la propia pianista, trazan el hilo argumental de repertorio:

“El concierto que os presentamos esta noche podría perfectamente titularse como la novela de Turgenev Padres e hijos, con la diferencia que en este caso las relaciones de paternidad son puramente espirituales. En el centro de esta red se encuentra Arnold Schoenberg (1874-1951) y su revolución del lenguaje musical, que recoge la tradición musical clásica y romántica para trasformarla, abriéndola al futuro desarrollo musical del s. XX.

Alban Berg (1885-1935) y Anton Webern (1883-1945) fueron sus geniales discípulos, fieles amigos e hijos espirituales; heredaron su manera de componer para más tarde desarrollarla de manera individual según su voz personal, siguiendo direcciones divergentes. A su vez, Schoenberg reconoció en más de una ocasión la función de maestros espirituales que en él tuvieron, durante su propio crecimiento artístico, Mozart y Brahms. Reivindicó así la modernidad y el carácter innovador de éstos a nivel compositivo y de expresión, que para él resultaron clave para su propia investigación musical.

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La intención de este concierto es acercar el repertorio de estos cinco compositores, propiciando un viaje a través de la evolución de lenguajes y estilos musicales, en el que se puedan percibir no sólo diferencias obvias, sino también secretas y profundas analogías.

La primera composición del programa es la Fantasía en do menor K475 de W. A. Mozart. Compuesta en 1785, ya es reconocible como una obra intensamente moderna. Pertenece todavía a la tradición de la música tonal, esa que ya empieza sacudir sus cimientos. Esta vibración ya se escucha a partir de los primeros compases: el sentido de suspensión y de misterio se aúnan a falta de una definición clara del centro tonal. Así, ya desde el principio se establece un sentido de vagar errático que será característico de toda la pieza (…).

Las tres Variaciones Op. 27 de Webern, compuestas en 1936, representan probablemente la composición más evolucionada y moderna entre todas las del programa: no sin razón Webern se convertiría a su vez en el padre espiritual de las vanguardias de la segunda mitad del s. XX. Esta composición, que en una primera escucha podría aparecer compleja en su aparente estilo fragmentario, y en la que la tonalidad se abandona en favor del dodecafonismo, comparte en realidad muchos aspectos con la tradición musical que la precede. (…) Aún podemos escuchar las ruinas de la tradición musical: la sonoridad de un ritmo como de vals, el eco no del todo apagado del típico fraseo brahmsiano, el destilado de la retórica clásica. La brevedad epigramática, que caracteriza toda la producción musical de Webern, acerca sus composiciones a la poesía hermética.

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La Sonata Op. 1 fue compuesta por Alban Berg alrededor de 1909, cuando aún era alumno de Schoenberg. Es un óptimo ejemplo de la transición que conecta el último romanticismo con la música del s. XX. La sonata, a pesar de poseer tonalidad (Si menor), ya anuncia la destrucción y trascendencia de ésta a través del uso de un espeso cromatismo que transmite la alta inestabilidad de su centro tonal. Es difícil imaginar algo más romántico que esta sonata: un “ultraromanticismo” de ímpetu exasperado, tensiones continuas llevadas a su máxima expresión (…).

Una nueva escritura es la que encontramos en la Suite Op. 25 de Schoenberg, compuesta entre 1921 y 1923. Plenamente dodecafónica, es un homenaje al tercer gran maestro de Schoenberg, Bach. No sólo por la forma de suite —serie de danzas— sino por la repetición constante del motivo B-A-C-H, trascripción del nombre del compositor según la nomenclatura alemana de las notas Si b-La-Do-Si.

El concierto se cierra con la última composición que Johannes Brahms escribió para piano, datada en 1883: las piezas Op. 119. La esencialidad de su escritura, su brevedad, la presencia de un único tema del cual deriva toda la composición —sobre todo en las primeras tres piezas— las convierten, aun siendo enteramente tonales, en obras afines a las formas compositivas del s. XX, muy cercanas a la disolución de la tonalidad, de la cual sólo un paso las separa.”

Pina Napolitano

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