La hora fértil_ Marco Mezquida

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Marco Mezquida, piano solo (19/9/15)

Como agua de mayo: esperada, necesaria, creativa, nueva, fertilizante. Así recibió Lo Otro a Marco Mezquida, una de las más jóvenes y felices realidades del jazz de nuestro país, quien con este house concert se estrenaba a piano solo en la ciudad de Madrid.

A sus 28 años, el pianista menorquín ya es una referencia de la improvisación sin fronteras. Reconocido por muchos como un músico integral dotado de un gran magnetismo, Marco posee el don de invitar al oyente a despojarse de prejuicios estéticos y embarcarse en un trayecto de inesperados circuitos sonoros. Según sus propias palabras, nos iba ofrecer “un viaje personal y lleno de sorpresas a través de composiciones nuevas, otras más antiguas de su disco La hora fértil, mucha improvisación y algún standard. Pianismo s. XXI.”

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Dos inesperados sonidos transparentes iniciaron la sesión. Pendientes de un cordel, tres tingshas -pequeñas campanas de meditación tibetanas en forma de platillos- se suspendían dentro del Mason & Hamlin, al cobijo de la tapa del piano. Y es que una de las facetas de este pianista, cuyo apellido ya es un templo, es la trascendencia y la entrega profunda. Su primer tema, “Valle de Hecho”, estaba construido sobre una canción popular originaria de esta localidad aragonesa, lugar de nacimiento de la madre de Marco. La sencilla melodía surgió del caos y fue elevándose durante más de un cuarto de hora hasta convertirse en un himno, creando ya un microuniverso con sus clímax y sus reposos.

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Seguimos con “Creciente”, donde Mezquida continuaría despertando poco a poco todos y cada uno de los sonidos escondidos en el instrumento: pizzicati de las cuerdas, abalorios de pequeña percusión y una miríada de efectos que para él no son simplemente una prolongación del teclado. Con estos aliados, Marco inaugura otro planeta sonoro que explora minuciosamente, por el que navega con un gesto tan natural como sincero espíritu de juego. Y el mundo de los ostinatos es otro de los planetas de la galaxia Mezquida. En los bucles encuentra un hábitat confortable donde girar sobre un matiz recién encontrado, sin caer nunca en la reiteración vacua. En este sentido, puede decirse que es un creador de mantras, pues posee la sabiduría del cambio constante dentro de la aparente igualdad. Todo ello ocurre, por ejemplo, en el tema “Evora” –titulado en honor a la cantante Cesaria Évora–, en el que emprende la aventura de la multipercusión: cuerdas manipuladas, pandereta, caja china,collar de materias vegetales que el pianista empuña como un talismán. Y el oyente asiste al milagro de ver a un pianista convertirse en un hombre orquesta, generador de ritmos absolutamente irresistibles y contagiosos como el más benigno de los virus.

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Pero si en el pianismo de Mezquida podemos identificar planetas, éstos sin duda orbitan en un universo que él mismo define: el de la ausencia de etiquetas estilísticas limitadoras. De sus manos podemos escuchar la presencia del lenguaje mainstream del jazz, así como una innegable influencia de la tradición clásica y sus corrientes contemporáneas, pero también una multitud de ecos folklóricos, pop o sencillamente inclasificables. En “Menguante”, por ejemplo, otra de sus composiciones basadas en las fases lunares, podíamos intuir la presencia de un Debussy agazapado tras las sonoridades impresionistas y líquidas de su inicio. O el standard “All of me”, que podía recordar a los ritmos motóricos de Prokofiev, pasado por el filtro cómico de un rag de Scott Joplin y del boogie woogie, con una tímbrica descacharrante y de nuevo multipercusiva, evolucionada heredera del piano preparado.

Ante un público satisfecho de todo un despliegue de inventiva, el bis en el piano del Café Central fue “La hora fértil”, tema que da título a su primer trabajo a piano solo. Aquí, desde la melodía íntima, Marco desgrana la vivencia de la fertilidad creativa que nos confesó experimenta a altas horas de la madrugada. Pero Mezquida quiso dejarnos con el sabor de boca una guinda menos introspectiva: “Everybody Loves Somebody”, que despejó la minúscula duda que pudiera quedar sobre su pianismo todoterreno, libre de prejuicios y sobre todo, arrolladoramente fértil.

Gràcies, Marco!

Muchas gracias a Enrique Turpin por su crónica en Cuadernos de Jazz

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