Entrevista a Félix Ardanaz_ El Cultural

ARDANAZ_PRADO 10

Entrevista de Alberto Ojeda (5/9/2015) en la revista El Cultural con motivo del Maratón Inaugural en Lo Otro

“El artista ha de ser vulnerable a lo inesperado”

Félix Ardanaz es un joven pluriempleado de la música clásica. Cosmopolita, determinado y romántico. Esas cualidades le respaldan para encarar los complejos retos que asume en las distintas facetas en que se desenvuelve: director de orquesta, pianista y emprendedor musical (recientemente lanzó el sello Orpheus, sin más ánimo que apoyar, ‘a precio de fábrica’, a otros talentos noveles, aunque en breve pretende incluir también grandes orquestas y reputados solistas). El último que afrontará, este sábado, es un maratón de piano en Lo Otro, selecto espacio que organiza recitales en petit comité. Tres horas en las que desgranará algunas de sus partituras fetiche, un recorrido por la historia del instrumento con especial deferencia hacia las de su admiradísimo Chaikovski.

Pregunta.- Plantea un tour de force pianístico que abarca muy diversas épocas y geografías. ¿Con qué criterio ha configurado el programa? ¿Pretende embarcar a los espectadores en una especie de viaje?

Respuesta.- Este maratón para piano es ante todo un reto personal. Hasta ahora nunca me atrevido a tocar tres horas de repertorio en un mismo concierto y yo soy el primero al que le resulta novedosa esta idea. Lo que pretendo ante todo es huir del formato clásico del recital, con una fórmula más informal en la que pueda existir una interacción personal con el público en el entreacto.

La fórmula del maratón llevaba rondándome mucho tiempo en la cabeza, me parecía fascinante. De hecho, mi idea original era hacer en el mismo día este programa de tres horas tres veces: tres veces tres, una oda al exceso. Espero y deseo que la gente se vea inmersa en un viaje durante este recital, porque la música siempre lo es, por lo menos para mí. Este concierto girará en torno a los compositores fundamentales de la literatura del instrumento y terminará con la una obra sublime del compositor que más admiro y adoro: el concierto para piano de Chaikovski.

P.- ¿El recital lo da con el viejo piano del Central? ¿Ya ha tenido ocasión de familiarizarse con él?

R.- Todos los madrileños conocen muy bien la historia de ese café mágico que ha marcado la vida cultural de la ciudad. El piano del Central tiene un alma especial, como todos los pianos, pero además una historia única que lo convierte en toda una reliquia. Tiene un sonido antiguo, muy hermoso, y en él interpretaré algunas piezas cortas del programa. No he tenido tiempo de familiarizarme con el piano en profundidad, nunca me gusta hacerlo. Prefiero descubrirlo sobre la marcha para no perder el efecto sorpresa, que es fundamental para que las interpretaciones no se conviertan en una rutina. El pianista ha de ser vulnerable a lo que pueda ocurrir en un momento concreto, a lo inesperado. Eso es el arte, y no la programación.

P.- ¿Cómo valora la manera de ‘servir’ la música diseñada por Lo Otro, en pequeños espacios selectos?

R.- Conocí a Juan Alberto García de Cubas y a Marta Espinós hace pocos meses, pero fue un encuentro muy especial, porque desde ese momento quedé fascinado por su espíritu vanguardista, sus ideas absolutamente innovadores y su coraje para atreverse a programar música “de otra manera”, algo tan necesario hoy en día. Concebir una especie de schubertiada contemporánea es una idea muy certera para acercar la música al gran público, para presentarla en un formato familiar y demostrar a la gente que la música no es un producto de consumo para una élite social, sino una necesidad vital para todos nosotros. Es ese planteamiento ecléctico lo que caracteriza la personalidad de este espacio único.

P.- El concierto tiene una peculiaridad ‘espacial’: en la interpretación del Concierto n°1 de Chaikovski Patrick Hemerlé hará las veces de orquesta desde el piano en la planta de arriba. ¿Qué efecto sonoro pretenden crear?

R.- Ya desde el mítico principio del concierto de Chaikovski, queda claro que éste pretendía llenar todo el espacio de la sala con una escritura grandilocuente que despliega acordes en todo el registro del piano. Por ello pensé que podría ser buena idea interpretar el concierto a dos pianos y en pisos diferentes… ¿Qué mejor forma de contribuir a que la música invada todo el espacio del triplex de Lo Otro? Además, no podremos mantener contacto visual mientras lo interpretemos. Eso lo hace todavía más interesante: la comunicación será estricta y únicamente musical.

P.- Tener a un grupo de espectadores delante de una interpretación al piano durante tres horas parece una gesta imposible en estos tiempos acelerados. ¿No le parece?

R.- Creo que no hay nada imposible. En cualquier caso, creo que en este época dominada por lo tecnológico, en la que cada vez se pierde más capacidad de concentración por culpa de la invasión digital, el hecho de atreverse a sentarse tres horas a escuchar un piano puede resultar un experimento interesante. De todas formas, no pretendo que el público permanezca sentado y en silencio. Me encantaría que entrara y saliera mientras toco, que vaya al servicio, que haga preguntas, que vaya a comer un canapé y que no se corte en mirar su teléfono móvil si le apetece. Algo así sólo es posible en una sala de estas características.

P.- Como pianista se ha formado en París, Londres, Varsovia y San Sebastián. ¿Cómo le influye y se destila en su pianística ese poso cosmopolita?

R.-Me encanta viajar y vivir en distintos países. De hecho, en pocas semanas me iré a vivir a Viena, la ciudad de la música. Aprender nuevos idiomas y descubrir otras maneras de pensar y de ver el mundo es lo que más me apasiona. Más que interpretar. Creo que descubrir otras culturas es lo más enriquecedor que hay en nuestras vidas y lo que más nos ayuda a madurar y a conocernos a nosotros mismos. Amo San Sebastián, mi ciudad, y amo París, lugar en el que he vivido muchos años, pero curiosamente no me siento de estas ciudades ni de ninguna otra. Soy del suelo que piso en cada momento y espero sentirme siempre así.

P.- Lo de lanzar un sello discográfico hoy día algunos lo verán como una insensatez y otros como un gesto romántico. ¿Qué le empujó a lanzarse a ese albero?

R.-Al principio lo hice para gestionar mis propias grabaciones con libertad, y después para apoyar a músicos de mi entorno musical en Francia, Inglaterra y España que me lo solicitaron. Más tarde me percaté de que en España era necesario que apareciera un sello independiente y diferente que reformulara el mercado, y creé así la empresa Orpheus con otros socios, que hoy tiene sede en Madrid capital. Orpheus pretende ofrecer servicios integrales de grabación, edición musical, fabricación, distribución y promoción discográfica, a un precio radicalmente inferior a los que han manejado el resto de discográficas hasta ahora.

Además, se confiere una especial importancia a la difusión digital de la música porque creemos que esto es el futuro, y se le ofrece al artista el 100% de los derechos de sus obras, algo que no ofrecen habitualmente las discográficas. No creo que la creación de Orpheus sea insensata, porque nunca la planteé como un negocio. Yo soy intérprete y quiero vivir de ello. Por ello es posible ofrecer estos servicios a precio de fábrica, porque la finalidad principal es apoyar a los músicos españoles que tan difícil lo tienen para salir adelante en una realidad profesionalidad cada vez más complicada.

P.- ¿Qué futuro le augura al disco físico?

R.-Creo firmemente que el disco físico siempre existirá. Mientras existan artistas, seguirán fabricándose discos. ¿Y por qué? Porque es la mejor carta presentación ante un agente, una sala de conciertos, un patrocinador o un programador. No obstante en mi opinión el futuro de la discografía es la distribución digital. Spotify, Itunes, Deezer, Rhapsody, Amazon, Apple Music, etc… todas estas plataformas son una herramienta fantástica para dar a conocer a un artista de manera inmediata en todo el mundo, y para que su música pueda estar en el ordenador o teléfono móvil de cualquier persona con un solo click. Por ello, este tipo de distribución es un punto capital del ideario de Orpheus.

P.- Su condición de emprendedor discográfico le obliga a estar atento a los nuevos talentos nacionales. ¿Cree que hay savia nueva para levantar música española unos peldaños en el panorama mundial?

R.- Yo no voy al encuentro de ningún artista, porque como antes he dicho no tengo en Orpheus ninguna expectativa con ánimo de lucro a día de hoy. Sin embargo, intento ayudar y guiar a los músicos que me contactan y, obviamente, presto una especial atención a los proyectos nacionales que se me presentan porque creo que merecen un apoyo especial, dada la realidad del panorama musical que todos conocemos. Las nuevas generaciones españolas tienen un extraordinario talento y una formación envidiable. Hoy en día todos hemos salido a estudiar fuera con grandes maestros, algo muy poco habitual hace 20 ó 30 años. Y paradójicamente, ahora hay muchas menos oportunidades profesionales que en aquélla época y el futuro de la música como profesión es cada vez más incierto. En este momento nos preguntamos qué va a pasar dentro de otros 20 años en este país si sucede lo que parece previsible: que no haya un relevo generacional en el público y las salas se acaben vaciando.

Sin embargo, considero que no ha de cundir el pánico. La etimología de “crisis” viene de la palabra “cambio”, y eso es lo que ha de ocurrir. Todos somos responsables de ese cambio y todos tenemos que involucrarnos para idearlo y hacerlo viable, empezando por los políticos y sus planteamientos culturales: si la música no se transmite a los niños en las escuelas de manera prioritaria y no forma parte esencial del bagaje cultural, será cada vez más complicado seguir adelante como músico en España.

P.- ¿En esa ‘pluriactividad’ musical que despliega jamás ha pensado hacerle un hueco a la composición? ¿Rumia alguna vez esa opción?

R.-Cuando era pequeño quería ser compositor y pianista. Pero a los trece años, sucedió algo: me enamoré de la música de Chaikovski, Verdi y Wagner. Pero sobre todo de Chaikovski, un amor unívoco, platónico e incondicional. Pretender ser compositor después de haber escuchado su música sinfónica me pareció inconcebible, porque nunca podría llegar a rozar semejante belleza y perfección. Por ello decidí luchar por interpretarla, como director y como pianista. Interpretar Chaikovski lo máximo posible: no le pido más a la vida.

P.- ¿Se ve en el futuro alejándose del teclado para apostar al máximo por la dirección de orquesta, como hiciera en su día Barenboim?

R.-No me veo alejándome del piano nunca. Sería como verme cortándome mis propias cuerdas vocales para dejar de hablar. Todos hemos oído que el piano es el instrumento orquesta por excelencia, y es una gran verdad en la que creo firmemente. El trabajo de un pianista y un director es muy similar en lo técnico y muy distinto en lo práctico. Eso es lo que hace que la combinación sea complementaria y apasionante. Siempre lucharé por interpretar en los dos campos. La vida dirá luego lo que pasará. Creo que he vivido lo suficiente como para saber que no sirve de nada hacer planes, porque la vida, el karma, el destino, Dios, o el mero azar (cada uno que piense lo que quiera), se ocupa de señalarte que los caminos que habías ideado no son los más directos para llegar a la meta que habías trazado.

Por otro lado, las comparaciones son siempre odiosas. Especialmente si se me compara a mí con Barenboim, porque evidentemente pertenece a otra esfera. Además, no creo que sea un ejercicio sano el medirse o compararse con otros músicos o artistas. El arte es ante todo una experiencia vital, y por ello cada artista, bien sea musical o plástico, ha de encontrar SU modo de expresión, que no tiene por qué coincidir con ningún otro. A eso lo llamo yo sinceridad.

Fuente: El Cultural

Etiquetas:

Comments are closed.