Voces en LaSede 093

Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), mayo 2014

Voces en LaSede es un ciclo que reúne a cuatro de las mejores voces femeninas del flamenco, soul y jazz en el espacio de referencia en arquitectura, diseño e inquietud cultural del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

Equipo técnico que ha colaborado en este ciclo:

Sonorización: J-GO AV Solutions y Maga Engineering

Piano: Polimúsica-Clemente Pianos

Vídeo tráiler: Noah Shaye Audiovisuals

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Ana Salazar

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ANA SALAZAR_ 10/5/2014

Ana Salazar,  cante y baile
Guillermo McGill,  batería y percusión
Miguel Angel López, piano

Magia. Eso fue lo que irradió este trío de ases en la apertura de Voces en LaSede. Llenazo en el auditorio del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid con un público que acabó en pie y con el corazón embrujado.

La noche ya era deliciosa antes de la música: la terraza chillout en el estupendo jardín de La Sede fue un preludio perfecto para calentar motores con una copa, antes del concierto que nos esperaba dentro. El flamenco-jazz, encarnado en el trío de Ana Salazar, fue el encargado de inaugurar este ciclo dedicado a la voz femenina, protagonizado por cuatro mujeres con voz propia y líderes de sus grupos.

¿Cómo intentar explicar, con la absoluta limitación de la palabra, la voz que habita en esta mujer?

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Ana Salazar lució su cuerpo de baile envuelto en dos vestidos (cedidos por AnmarGo), uno de gasa y otro de raso. Y estas dos telas exquisitas, tan aparentemente opuestas, funcionan como metáforas idóneas para tratar de definirla. Por momentos, voz de gasa: velada pero translúcida, sin llegar a rota; vaporosa, volante, hermosamente atravesada de aire. De pronto, voz de raso: que refleja toda la luz posible, que revela volumen, cuerpo, fibra y músculo, pero que se sabe ceñir a las filigranas más delicadas y resbalar en suavidad extrema de seda. Así parece estar tejida su garganta, y con ella canta al amor, al dolor, a la esperanza, a la crisis, al tiempo, a los recuerdos y a la vida.

Pocos conciertos erizan la epidermis como la inolvidable sesión que nos regalaron estos enormes músicos, desde el minuto uno. Pero cuando a mitad de la segunda parte Ana apartó el micro y, sin amplificar, se arrancó por bulerías solo acompañada de la percusión maestra de McGuill y de su propio taconeo, su tela se convirtió en una red con la que nos atrapó definitivamente.

Desde su tablao en miniatura embelesó, hipnotizó y cazó a todas y cada una de las más de trescientas víctimas felices que llenaban el auditorio. Su ejemplo de garra, entrega y vivencia en el escenario, siempre desde la naturalidad, es de los que no se olvidan.

La maestría con la que sus dos magníficos cómplices acompañan y atesoran el arte de Ana es absoluta. Miguel Ángel López, desde el excelente piano Shigeru-Kawai, estuvo siempre  acertadísimo en su papel de allanar el camino, emocional y sonoro, que la voz recorrería. Guillermo McGill aportó los timbres cambiantes –maderas, metales, semillas–, y el latido: chispa fundamental que acaba de dar vida al trío.

Inmejorable inicio de Voces en LaSede, la primera colaboración de Lo Otro en la casa de la arquitectura de esta ciudad.

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Cosmosoul

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COSMOSOUL_ 17/5/2014

Alana Sinkëy, voz
Abel Calzetta, guitarra
Manuel Pablo Sanz, bajo
Sergio Salvi, teclado
Akin Onasanya, batería y percusión

Lo reconocemos: nos hemos equivocado con Cosmosoul. O mejor dicho, nos hemos equivocado creyendo que se puede escuchar a Cosmosoul… sentado. Porque prácticamente desde que subió al escenario, este grupo nos hizo desear que las sillas del auditorio del COAM desaparecieran. Y es que la energía bailable que desprende su música es francamente difícil de resistir.

Con apenas tres años de vida, esta banda de procedencia multigeográfica (Guinea-Bisáu, Buenos Aires, Nápoles, Nigeria, Madrid) puede presumir de tener un directo envidiable. Es un claro ejemplo de receta en la que los ingredientes ligan tan bien entre ellos, que el resultado cuaja de manera natural. A pesar de las diferentes raíces de sus componentes, el todo supera con creces la mera suma de las partes, ofreciendo un efecto sonoro que raya en la calidad discográfica.

Nos presentaron los temas de su último disco, Terra, y de su álbum debut, Sunrise. Sonidos orgánicos, letras de compromiso social y sentido de conexión con el planeta que habitamos a partes iguales.

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Sobre unos cimientos rítmicos magníficamente construidos entre el bajo y la batería, el teclado y la guitarra completan la estructura sobre la que brilla la voz de Alana.

Cantante y compositora autodidacta, esta joven originaria de Guinea-Bisáu –aunque nacida en Portugal– está dotada del vigor y color tímbrico con que la naturaleza ha privilegiado a las gargantas afroamericanas.

Alana domina perfectamente su instrumento, que es versátil y elástico: puede abordar ritmos frenéticos con la misma facilidad innata con la que hilvana una balada intimista, tanto desde su inglés perfecto como en la dulzura de su portugués nativo.

En un pequeño ritual de despedida, el público acabó haciendo de coro. Alana lo definió: no hay acto más hippie que cantar juntos. Porque, como ella misma dijo en otro momento de la noche, hay lenguajes que están más allá de todas las barreras que parecen separarnos.

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Aurora García

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AURORA GARCÍA_ 24/5/2014

Aurora García, voz
Francisco López “Loque”, contrabajo
David Schulthess, piano
Yehven Riechkalov, trompeta
Martín García, saxo tenor
Noah Shaye,  batería

El tercer concierto de Voces en LaSede nos trajo la respuesta que estábamos esperando: ¿qué sucede cuando se escucha a Aurora García con los ojos cerrados?

Nos había llamado la atención algo. Las críticas de dos de los principales medios de comunicación de este país coincidían, al describir la voz de Aurora, en un detalle: cerrar los ojos.

Lo hicimos. Y esto es lo que sucedió: uno viaja en el tiempo-espacio seis o siete décadas atrás, hasta un club humeante en Harlem, donde la misma Aretha Franklin desgrana standards de jazz rodeada de una banda de músicos excepcionales. Desde la balada soul profunda y desgarrada hasta el swing más bailable, pasando por algún espiritual: todo mana de la garganta de Aurora con la naturalidad y timbre de una voz templada en la música negra. Hasta puede reconocer uno el acento afroamericano autóctono de New Orleans.

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Pero para comprobar que no alucinábamos auditivamente, abrimos los ojos y comprobamos el espejismo sonoro: seguíamos en Chueca. Y aparte de un vestuario retro muy de los 1940s, la tez de esta madrileña de toda la vida distaba mucho de la de Franklin, Nina Simone, Ella Fitzgerald o Tina Turner, algunas de las divas con las que la crítica la ha alineado. Y es que a veces, las comparaciones no son para nada odiosas.

Aurora hipnotiza: su gestualidad y disfrute en el escenario terminan de lanzar un anzuelo irresistible al público, que ya ha

picado desde la primera canción y que cada vez lanza más “bravos”. Esta banda, totalmente integrada, empastada y coherente estilísticamente, realizó una doble hazaña: primero, ubicarnos imaginariamente en esa escena de la edad dorada del jazz. Segundo, lograr que los aficionados al fútbol que poblaban la sala quisieran otro bis, sin importarles el inminente pitido inicial de la final de la Champions League.

Querían prórroga. Y eso es todo un golazo para Aurora y su sexteto.

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Eva Cortés

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EVA CORTÉS_ 31/5/2014

Eva Cortés, voz
Pepe Rivero, piano

Nos encanta ver sonreír a los músicos en el escenario. Y Eva Cortés y Pepe Rivero son profesionales de las sonrisas: las derrochan generosamente, algo que no siempre ocurre y que delata que los que están ahí arriba disfrutan y quieren hacer disfrutar.

Voces en LaSede se despidió con el mestizaje estilístico de Eva Cortés, hondureña de nacimiento, criada en Sevilla y formada en Madrid y París, magníficamente escoltada por uno de los pianistas más imprescindibles del latin jazz, el cubano Pepe Rivero. Todas estas referencias geográficas confluyen en un ramillete de influencias donde escuchamos jazz, soul, algún matiz de copla y flamenco, en la mezcla personal e intransferible de Eva.

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Toda naturalidad en el escenario, la cantante y compositora explicó con el desparpajo de su pasado andaluz la historia de cada uno de los temas que nos presentaron: títulos procedentes de discos anteriores (lleva nada menos que seis con el histórico sello Verve), de su último trabajo grabado en New York “In bloom” y algún que otro adelanto de su próximo proyecto a dúo con Pepe, como la primicia de su versión de “Quizás”. Eva desgranó este tema emblemático con su timbre envolvente, tan de bolero, compartiendo incluso la banqueta con su pianista.

Pero la anécdota de la noche fue, sin duda, la espontánea invitada sorpresa: Maïa, la hija de Eva, que emocionada de ver a su madre en el escenario subió como un ciclón a hacerle los coros y cantar diligentemente la segunda voz del estribillo de “Sol”. Y de esa manera tan inesperada y entrañable el público conoció a la dedicataria de, al menos, un par de las canciones de composición propia que estaban por venir: la nana “La cosa más bonita” y “Quisiera”, tejida de deseos maternos para la futura hija. “Casi” y la rebelde “No quiero ser tu princesa” fueron otros de los temas que culminaron en “La vida en rosa”, aunque quedaba la propina de “My favorite things”, sin duda el tema donde más se dejaron llevar por la improvisación.

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