Albert Bover

ALBERT BOVER EN RIVA SCHIAVIONI, VENECIA, NOVIEMBRE 2010

A finales de julio de 2008 y durante un concierto del cuarteto de los grandísimos músicos Antonio Serrano y Javier Colina en El Café Central, caigo en la cuenta de que no está en el escenario el piano de siempre.

Estas preguntas son una excusa para hablar de música de jazz, de pianos, de su estudio y del piano del Central, no hace falta contestar todas ni tampoco ceñirse a la pregunta, se puede improvisar hasta donde se desee.

Cuál fue tu primer piano, y el segundo, y cuáles fueron los siguientes. Qué recuerdas de ellos, qué te aportaron. Cómo llegas a ser artista Steinway y en qué consiste. Qué piano usas habitualmente.

Mi primer piano, cuando tenía 14 años, fue uno ruso, un Belarus. Era el piano vertical más económico, con mala acción y pobre sonido. Al año lo cambié por otro vertical Yamaha, de los más pequeños, que vendí en 1987 a Salvador Font . Con 24 años, adquirí un Yamaha C3, de cola, un buen instrumento que se me quedó pequeño en 1997 y lo cambié por mi piano actual, un Steinway de 1911 restaurado por Josep Puig. Desde diciembre del 2004 he estado viajando a NY para estudiar con Sophia Rosoff, y enviaba emails a Steinway and Sons para que me dejaran estudiar en su edificio histórico, en la calle 57 entre la 6ª y la 7ª Avenida. A raíz de verme allí a menudo, sondearon sobre mí preguntándoles a la gente de Jorquera, distribuidores en Barcelona , si “yo era famoso”. Parece ser que les gustó su respuesta y les caí bien cuando vieron mi página web. Para mí es un privilegio tener este título, compartirlo con grandes pianistas como Martha Argerich, Richard Goode, K. Jarrett, Ahmad Jamal, F. Hersch, etc . Me sirve también para conseguir pianos para ensayar por todo el mundo.

Qué opinas de los pianos digitales. Usas tecnologías digitales para trabajar, componer, estudiar, etc.

No me gustan nada. Son malos sucedáneos, útiles para la grabación y composición pero pobrísimos sustitutos de un piano. No creo que NADIE pueda aprender a tocar el piano con un teclado digital. Como mucho aprenderá algunas nociones de música, pero no conectará con el instrumento, ni sacará todos los matices de un pianoforte real.

Ordena por prioridades o interés personal estos tres aspectos de tu trabajo: la música, el jazz o el piano.

Los tres están interelacionados. La buena música tiene swing, el buen jazz es música y tocar el piano solo vale la pena cuando haces música con él.

Cuando uno empieza una profesión imagina una trayectoria y una meta. Como te imaginabas que llegarías a tocar en el futuro cuando empezaste a estudiar música de jazz. Cómo han evolucionado tus intereses musicales, tus influencias y tu aproximación a la música y al piano. Cuáles son las nuevas metas.

Empecé escuchando discos, y viendo a Tete Montoliu. Era un referente. Yo pensaba que si él había llegado a ser un jazzman internacional desde su casa de la calle Muntaner, yo, que vivía a tres manzanas, en Enrique Granados quizás podría llegar también. Los “jazzman de l’Eixample”! (El Ensanche barcelonés).

Esta música se aprende escuchando y tocando con gente mejor que tu. Siempre tengo nuevas metas, tocar mejor, hacer mejor música, comunicar más, emocionar, con-mover.

El estudio y la práctica de la música va incorporando información y va descubriendo aspectos o perspectivas que resultan hitos fundamentales que marcan la trayectoria personal. Qué te hubiera gustado haber sabido desde el principio que te hubiera ayudado a enfocar antes ciertos aspectos.

Para todos los músicos lo más importante es la necesidad, la necesidad de expresarse, la voluntad de comunicar, de mejorar. En algunos se desarrolla de manera autodidacta, en otros, ayuda mucho la presencia de algún gran maestro. En general muchos músicos se han desarrollado a pesar o en contra de los maestros castradores y frustrados que han tenido. No creo que se pueda volver a atrás, me parece ciencia ficción pensar en esos términos. Hay que lidiar con el presente y no caer en la trampa de la nostalgia.

Cómo organizas el estudio y la práctica de la música y el piano. Cómo lo planteabas en los inicios y cómo lo haces ahora. Qué importancia en el estudio le das a la armonía, las escalas, la trascripción de solos, la educación del oído, el sonido…Qué te está aportando el estudio del piano clásico.

Cada uno encuentra su metodología. Hace falta la perseverancia, la voluntad, la paciencia, incluso la pasión, si me apuras. La armonía en jazz creo que está sobre valorada, es mucho más importante la energía rítmica, el groove, el sonido del interprete, su personalidad, la conducción de las voces. La transcripción de solos es algo muy peligroso: te puedes convertir fácilmente en un replicante sin personalidad si abusas mucho de ellos, yo creo más en desarrollar una metodología de trabajo más creativa, buscar tu propio sonido y estilo.

Qué prefieres, tocar piano solo, dúo, formato trío, cuarteto…

Me gustan todas las formaciones. Es más importante con quien tocas, y como interactuas con los otros instrumentistas, que cuantas personas o que instrumentos hay en el escenario.

Señala un par de descubrimientos en relación al estudio de la música que recuerdes como momentos reveladores. Me refiero desde lo más sencillo de estudiante primerizo, cuando descubres que bajando medio tono las séptimas se va pasando por II-V-I- hasta las armonizaciones más complejas pasando por las upper structure triads, acordes en bloque, ciertas escalas sobre ciertas voces…

Estás hablando en términos muy científicos o técnicos. La música para mí es un Arte, por encima de todo, es sobre sentir, no sobre saber. Si me permites un símil, los momentos reveladores para mí no han sido cuando he descubierto esas recetas de pescado frito, sino cuando he aprendido a pescar por mi mismo, y he visto como los que me escuchaban se emocionaban con los peces que sacaba del agua.

En ese sentido, dime una de tus voces preferidas para mano derecha e izquierda, un solo acorde o progresión, por ejemplo: mano izquierda tónica y cuarta y mano derecha séptima, tercera menor y quinta.

No tengo un voicing favorito: sería como extraer una frase de un libro o un plano de una gran película: seguro que es una buena frase o un hermoso plano pero tienen un impacto y cobran todo su sentido en el sitio donde se hallan. Los voicings son momentos en medio del fluir de la música. La música es horizontal, no vertical. Soy muy cinéfilo, veo mucha relación entre un buen montaje y una buena interpretación musical.

A lo largo de tu carrera como pianista habrás tocado cientos de pianos, podrías recordar los mejores o peores que te hubieras encontrado. Las sorpresas más singulares en ese sentido.

El peor piano fue en una actuación con una cantante en el London Bar de Barcelona. No le funcionaban los apagadores. Con una mano iba tocando y con la otra los iba accionando sobre las cuerdas para que no se engancharan todos los sonidos en un magma terrorífico. Los peores pianos están sordos, no suenan.

Los mejores son sin duda algunos Steinway gran cola en la sala Oriol Martorell, de l’Auditori de Barcelona, el de Lérida, Andorra, Madrid, Valencia. Recuerdo un Bechstein precioso en Aranjuez . También me gustan los Fazioli, y algún Yamaha de vez en cuando.

Te ha influido la calidad del instrumento a la hora de tocar o tu discurso no se ve afectado demasiado según la calidad del piano. Cuando menciono calidad -partimos de unos mínimos necesarios, claro- me refiero al carácter, el sonido del piano y su capacidad de establecer lazos con quien lo toca. Hay pianos que les dicen más cosas a un pianista que a otro.

Estoy convencido de que los pianos, si no son muy buenos o muy malos , suenan como el pianista. Brad Mehldau desarrolló su gran sonido estudiando muchos años con un piano de pared bastante mediocre. Otro gran virtuoso como Jarrett seguramente no estudió con buenos pianos en sus inicios tampoco. El histórico disco “Footlose” de Paul Bley está grabado con un piano espantoso, pero él le saca muchísimo provecho. Monk conseguía que un Steinway gran cola sonara como un piano de pared viejo desafinado. K. Werner menciona una fiesta homenaje a Bill Evans donde todos los pianistas tocaron en un piano mediocre, hasta que se sentó Bill , y entonces sonó como Bill Evans.

Como pianista, qué tal la espalda, cómo evitas dolores de cervicales, lumbares, ¿haces deporte?, ¿tienes algún truco para sentarte a estudiar durante horas?

Es mejor no forzar, no tiene que dolerte nada si tocas. Mejor practicar poco o fuera del piano que mal. Paul Bley dice que evita tendinitis no practicando en absoluto. Tocar tiene que ser una actividad artística, no masoquista. Nadar espalda y crol me va muy bien a mí. Correr está más contraindicado si tienes una espalda delicada. Sobre como sentarse al piano recomiendo a todo el mundo sentarse más bajo, abrazando el piano, con el torso ligeramente inclinado hacia delante, y con el pie izquierdo un poco atrás, en vez de sentarse lejos y tieso. La mayoría de dolores provienen también de un sobre esfuerzo muscular, al articular de manera excesiva con los dedos, o no dejando libres los antebrazos, o empujando con exceso las teclas hacia dentro o hacia abajo. Otros problemas corrientes proceden de antebrazos rígidos, codos altos , muñecas excesivamente altas, bajas o activas o hombros demasiado activos.

He visto que sueles grabar tus conciertos para escucharte, lo haces siempre y desde siempre, cómo te oyes, cómo te analizas o examinas.

Algunos períodos me grabo para escuchar como toco. En otros, no. Los mejor es alternar, no obsesionarse demasiado tampoco.

Qué recuerdos  guardas de tus conciertos en el Central, los asocias a momentos personales, profesionales, ambas cosas. Tienes algún recuerdo especial. Qué formaciones trajiste y qué destacarías.

El Central es un lugar especial. El jazz es para tocar en pequeños clubes, no en grandes estadios. Recuerdo muy gratamente mi actuación a dúo con Javier Colina o con Horacio Fumero, o a cuarteto con Art Farmer, Harold Land, con los grupos de Kris Kase, Bob Sands, Carlos Barreto, Perico Sambeat, Eddie Henderson, Chastang, etc.

Mark Levine dice en uno de sus libros que cuando escuchas cualquier solo de jazz, el 95% es estudio y el 5% inspiración. Paul Bley siempre dice en sus clases que la música es como una planta silvestre que crece sola y a su tiempo, sin cuidados, que uno puede tocar 10 horas al día y que la evolución de tu música será la misma. En su web dice “La práctica te hace perfecto. Lo imperfecto es mejor” ¿Qué piensas de esos dos planteamientos?

Levine escribe para vender a estudiantes, mientras Bley es un genio. Me gusta el planteamiento de Bley, pero a mi me es muy útil estudiar música clásica. Cada día toco Bach, Chopin, Scriabin, etc. A otros les gusta transcribir solos, o tocar rock u otros estilos. Cada uno tiene que encontrar su metodología, su escuela.

Hay músicos en la historia del jazz de indudable genialidad, pero existen otros muchos que suponen verdaderas revelaciones personales en determinados casos pues descubres en su solo una manera de improvisar que te hace entender cosas y avanzar en una línea… ¿Qué músicos has escuchado con más interés? ¿Cuáles por disfrute, cuáles para estudiar? ¿Qué músicos de la actualidad te parecen de mayor interés? ¿Y entre los pianistas?

Revelaciones para mí fueron Jarrett, Hancock, Bley, Powell y más recientemente Brad Mehldau. De los actuales me gustan mucho Ethan Iverson, Craig Taborn y Aaron Parks. Aprendí mucho en las clases con Fred Hersch.

Hay standards que todavía siguen dando jugo, cuál de ellos te interesa.

Depende de cómo los toques, no del material. Todos los estandards pueden ser geniales en buenas manos. Siento debilidad por las baladas: It never entered on my mind, I fall in love too easily, Ballad of the sad young men.

Qué importancia le das a la composición en relación con la improvisación.

La verdadera improvisación, es composición a tiempo real, y la buena composición es improvisación ralentizada, más reflexiva. En las dos lo que más me  interesa es el “objeto encontrado” que te encuentras por el camino y como juegas y que haces con él. Todo lo que sea mecánico o científico será más aburrido y predecible.

Entrevista realizada a Albert Bover, diciembre 2009.